Territorio cifrado, intervención en el Palacio  de La Moneda (00-01).

Territorio Cifrado (2000-2001)

Intervención en el Palacio de la Moneda, Santiago, Chile.

 

Territorio Cifrado es una obra realizada dentro y fuera del Palacio de la Moneda durante los años 2000 – 2001 (agosto - enero), que contempla una intervención en el lugar por medio de diferentes objetos que perciben elementos propios del territorio en el cual se ha emplazado.

 

Estos elementos son parte de un proceso que provienen de la constitución de la memoria originada a partir de un sin número de relatos. En lo particular desde la infancia escuché en la mesa de comidas con mis padres una parte de la historia política del país que se encontraba agredida y violentada. Escuchamos muchas veces sin entender agravios y narraciones que hasta ese momento nos son ajenos. Dicha experiencia previa se almacena como recuerdo difuso, que se concretiza a medida que nuestra conciencia almacena nuevos acontecimientos que hacen plausible una objetivación de los hechos, es decir, nos formamos una idea de lo acontecido.

 

En este sentido la restauración del Palacio de la Moneda entre los años 1999 al 2001 refrescó nuestras memorias, en tanto la evidencia física denota el lugar y devela como un archivo expuesto, consolida o nos devuelve un tiempo en la historia que nueve años de democracia pretendimos olvidar. “La memoria, entonces, comienza a cumplir una nueva función, debe desenterrar no sólo por descuido, sino también porque fue cuidadosa, deliberada y malignamente disfrazado y enmascarado”1 algo que ha sido escondido. Reflexión producida por el develamiento que propone el emplazamiento de la obra, en tanto la intervención contempla el territorio en su singularidad, en su entorno propio, una obra in situ, como define Pablo Oyarzún, en cuanto la obra en sí misma toma su motivo de la particularidad-transitoria o permanente del lugar en que se emplaza. Cual sea el interés de obra, plástico, visual, háptico, simbólico, ideológica o afectiva, alcanza la especificidad del lugar “tácita o expresamente y se constituye por lo tanto, en una designación del lugar de segundo grado.”2. En el fondo trabajar con un espacio determinado no limita la obra al lugar, sino también contempla parte de los de sucesos acontecidos en él, las experiencias y la latencia misma que contiene dicho lugar procede un re-emplazamiento.

 

Es la experiencia la que nos devela el acontecimiento. Lo que representa el emplazamiento aparece ante nuestros ojos con el hecho puntual de su desaparición, en los años 1999 y 2000 durante su ocultamiento para su restauración en una fachada blanca. El gesto que provoca el recubrimiento de la fachada del edificio por medio de una malla negra, expone de manera inversa la memoria material contenida en el lugar. Al igual que sucede en Fulbelt, el develamiento como el archivo al desclasificarse promueve una suerte de impresión efímera, puesto que es rápidamente reemplazada por el olvido.

 

Teniendo presente que no es sólo el recuerdo de la dictadura y el bombardeo al edificio es lo que caracteriza y resignifica el lugar, también es la historia de la Moneda y su constitución de edificio que alberga el poder político, lo que la constituye como un lugar elevado. Desde el texto de Francisco Javier Cuadra, “El Soberano Necesita Casa”, nos hacemos una imagen de la historia de la Moneda, como un establecimiento con una pretensión palaciega, no fue nunca la morada de un rey, sino la sede de la casa real de los monarcas Borbones; allí se hacía el dinero para esta parte del mundo. Bulnes la transforma en la sede del poder ejecutivo durante la restructuración de la República. Si bien en democracia el sistema soberano es la nación que la constituyen los ciudadanos, es el pueblo que ejercita el poder por vías de las elecciones y autoridades constitucionales. Surge aquí una primera sentencia: “las cosas no son lo eran, son lo que no eran”3, premisa que nos da la idea de un territorio que funciona en base a una idea, pero sin cuerpo. Por este motivo existe una suerte de disputa por quien la posea.

 

1 Foucault, M. Hay que defender la sociedad, curso en el Collége de Francia, 1976, París, Altos estudios. Gallimard-Seuil, 1997, p63.

2 Oyarzún, P.. La cifra de los deseos y el fantasma del Poder. En: VOGEL P., Catálogo, “Territorio Cifrado, intervención en el Palacio de la Moneda”. Santiago, Chile, 2001. pp. 27-33.

3 CUADRA, F.. El soberano necesita casa. Catálogo, En: VOGEL P., Catálogo, “Territorio Cifrado, intervención en el Palacio de la Moneda”. Santiago, Chile, 2001. pp 12-15.

 

 

 

La Moneda, es un corredor de norte a sur que ha condicionado su estar en poder público formal, “expresa bastante del autoritarismo de todos, derechas, centros e izquierdas de ahora y siempre, ese entender las cosas de la política –e incluso de la vida– como filtradas por una relación superior-inferior.” 4

 

Estas condiciones expuestas en torno al inmueble como un símbolo, que son la memoria y la condición acéfala del poder que se constituye como un estadio de poder manifestándose en el mismo lugar como un ente propio, son determinantes para la reflexión que generará la intervención en su cualidad in situ.

 

La propiedad de la cifra se instala como concepto que titula la obra desde su condición, presupone una clave y abreviatura, puede entenderse como el mecanismo por el cual se establece una relación simbólica con la cantidad de acontecimientos o hitos urbano-sociales importantes acontecidos en dicho lugar, tal es la memoria material como también, la cifra de lo que significa el centro del poder político.

 

La reflexión primera despierta por medio de la contemplación del ocultamiento del inmueble que por medio del rescate devela la memoria a través de los recuerdos. Pero es este ocultamiento y maquillaje del lugar que insiste en generar la preocupación del acontecimiento. La tragedia shakesperiana, vuelve a surgir por medio de este teatro montado en medio de la ciudad, en que lady Macbeth pasa su mano por un muro intentando buscar en vano sus recuerdos hasta que se tropieza con un lugar en el que debió haber un orificio de bala, un escollo, una mancha…

 

Tal instancia genera una evocación e invocación de la memoria que atañe sin reparos al poder y cómo la ciudadanía mantiene relación con él, en el sentido de una displicencia generalizada por el entorno. ¿Olvido o superficialidad?, de hecho estas preguntas se relacionan simbióticamente con la mecánica del maquillaje y la desaparición.

 

La intervención “Territorio Cifrado” constó de tres partes instaladas y una previa dónde se recopilaron respuestas sobre una pregunta específica que da cuenta del gesto de decoro epidérmico sufrido en las fachadas.

 

La primera se desenvuelve en el exterior de la Moneda, en su fachada norte, la principal. En la plaza de la Constitución se encuentran tres proyectores que disparan sus respectivas imágenes en la fachada del edificio, el proyector del medio mancha la parte central a siete metros, mientas que los dos laterales a dos metros y medio sobre el suelo. Las imágenes proyectadas provienen de distinta procedencia y están ordenadas en cuatro series. Una contiene imágenes del bombardeo al palacio el 11 de septiembre de 1973, y es parte de la cinta la “Batalla de Chile” de Patricio Guzmán en combinación a imágenes de la balaustrada original, junto a una serie de textos y retratos de gente que visitó el Palacio durante los meses de agosto a diciembre del 2000.

 

En relación a las balaustradas es importante hacer referencia a la obra de Gonzalo Díaz, que intervino la fachada de la Casa Central de la Universidad de Chile el año 2000, en la cual el trastoca la balaustrada de la fachada del edificio con neón de color azul en torno a la contingencia política, que atañe al cambio de gobierno donde asume el presidente Ricardo Lagos y la conmemoración de 30 años de vuelta al gobierno de Chile de un presidente socialista. Díaz hace referencia a esta obra en una entrevista, en la cual explica que el motivo de la intervención tiene que ver con que el espacio es la obra y a la vez la intervención, resignifica y transforma el lugar. También tiene relación con la contingencia política y la celebración de la misma, en tanto el inmueble de la Universidad de Chile es uno de los edificios más emblemáticos e importantes de Santiago, y que por medio de una conversación en el programa “Una belleza nueva”, afirma que este edificio “antecede al Estado, lo crea y además está involucrado en la historia de la República, yo pertenezco allí.” 5

 

 

 

 

 

4 CUADRA, F.. El soberano necesita casa. Catálogo, En: VOGEL P., Catálogo, “Territorio Cifrado, intervención en el Palacio de la Moneda”. Santiago, Chile, 2001. pp 12-15.

5 Entrevista a Gonzalo Díaz, Artista Visual, “Una Belleza Nueva”, 2010.

http://www.unabellezanueva.org/gonzalo-diaz/.

 

 

 

Uno de los proyectores laterales proyecta una serie de más de mil retratos de transeúntes, tomas registradas desde un mismo punto, la puesta sur de Palacio, la salida del inmueble. La última serie impresiona los muros con imágenes de la fuente del patio de los Naranjos, grabaciones realizadas en el día.

 

La segunda parte del proyecto ocupa el patio de los cañones, en el atrio norte del edificio. El espacio cuadrangular está intervenido por una serie de cajas blancas de madera lacada enfrentadas delimitando un pasillo, puestas en sentido de norte a sur y al principio por balaustres de yeso instalados de oriente a poniente. Las cajas como los balaustres se elevan a un metro y medio, las cajas están equipadas con luces y vidrio espía reflectante, que obligan al espectador a agacharse para ver la imagen que hay dentro. La misma fotografía en todas las cajas reproducen la esquina que deslinda la fachada mediante una línea de pintura del costado del edificio, marcando la diferencia entre el blanco radiante del edificio y el gris oscuro lateral. Al pie de cada módulo, en cajas inclinadas, se exhiben fotografías de la fachada de la Moneda cubierta con una malla (en reparación, fotografías realizadas a finales del 1999), en conjunto con algunas de las respuestas seleccionadas, que los visitantes al inmueble han dado en una encuesta formulada con una pregunta que remite a la tercera parte de la obra.

 

La pregunta fue realizada durante el período de preparación de la obra entre los meses de agosto y diciembre del año 2000. La mecánica consistió en instalar dos buzones a cada lado de la salida sur del Palacio. En estos buzones podía entregarse la respuesta a tal encuesta que consistía en la pregunta ¿Apareció realmente la Moneda?, haciendo referencia directa a la reflexión producida por la labor de reparación realiza durante el repintado de la fachada de la Moneda, “Esta labor de cosmética –y ante todo la imagen de esa cobertura provisoria- desató en el artista la reflexión que ahora a quedado cifrada –valga otra vez el término- en la trama de relaciones de la instalación.”6 La encuesta se convierte en una especie de experimento social, puesto que dentro de las distintas respuestas de los transeúntes sólo algunas se hacen cargo realmente de lo inquirido, pero también muchas otras revelan otros aspectos como la identidad chilena, el aseo y ornato de los patios, el descuido de los naranjos y deseos de un mejor porvenir.

 

La exposición de la pregunta está dirigida al tema del poder y la manera que la gente mantiene una relación con él, en el sentido de cómo percibe el público la mecánica más bien superficial del remozamiento del edificio y su aparición. Esta supuesta aparición se articula desde el cuestionamiento de la realidad, haciendo hincapié en el prestigio del poder en cuanto éste hace una suerte de ilusión por medio del repintado, provocando inevitablemente la sospecha del por qué.

 

Finalmente en el patio sur de Los Naranjos existe una fuente central donde se instalan y sumergen 37 piezas de acero inoxidable pulidas espejo con una letra impresa en serigrafía, que en su conjunto conforman la frase “Ninguna cosa haya donde la palabra se quiebra”. Según Pablo Oyarzún:

 

  • “La frase corresponde al último verso del poema “La palabra” de Stefan George: “Kein ding sei wo das Wort gebricht”. La traducción escogida por Vogel es una de las posibles. Podría decirse también: “Ninguna cosa sea donde la palabra se quiebra (o se rompe)”; el verbo brechen tiene precisamente este sentido de “romper”, “quebrar”, “despedazar”, y su etimología lo vincula con el verbo latino frangere, de donde vienen nuestras palabras “fracción”, “frágil”. Y ciertamente el verso de George habla de una paradójica dualidad de la palabra: un poder inusitado, que hace depender de ella ser y haber de las cosas, y –a la vez– una íntima fragilidad. Y es como si en el “sea” (o en “haya”), que oscila entre la eficacia imperativa y el conjuro desiderativo, entre la ley y el voto, quedase concentrada esa dualidad.“7

 

La cita a Stefan George, se encuentra en relación con el deseo, puesto que la fuente también alude a una serie de acontecimientos que convergen en su figura como lo son el viaje, la ensoñación, la joya. El hecho de que una persona de espaldas arroje una moneda con una actitud casi religiosa desprende una narración explícita en manifestación de sus deseos, un doble sentido entre el poder y el deseo. Es importante entender cómo el uso de la palabra llena el vacío que produce este olvido premeditado. “El deseo proyecta el poder al mismo tiempo que refleja al deseante“8,, no se refleja simplemente en la fuente, sino también en las palabras y en los vidrios espías de las cajas lacadas.

 

 

 

 

6 OYARZÚN, P.. La cifra de los deseos y el fantasma del Poder. En: VOGEL P., Catálogo, “Territorio Cifrado, intervención en el Palacio de la Moneda.” Santiago, Chile, 2001. pp. 27-33.

7 op. Cit p31.

8 op. Cit p32.